El Servicio Comunitario

Por Cristian Tenuta

Iba con un poco de miedo. Desde que había leído el programa de actividades, los cinco días de servicio comunitario me provocaban una sensación de incomodidad por no saber con lo que me iba a encontrar. Si bien ya había misionado una semana en Formosa cuando estaba en el colegio, esto era diferente: era el único latino del grupo y casi el único hispano hablante (había dos australianas que hablaban algo).


El pueblo llamado Wukirsari, ubicado en las afueras de Yogyakarta, nos recibió con un día espléndido pero un calor agobiante. Luego de una breve introducción por parte de los jefes de la villa, nos dividimos en grupos para ir a dejar las cosas en las que sería nuestra casa durante los días siguientes. Mientras caminamos se ven patos caminando cerca de un arroyo con poca agua y un par de vacas blancas muy flacas.

El lugar transmite tranquilidad. Silencio solamente interrumpido por alguna moto que al pasar lleva una, dos o tres caras que nos miran atentas, como inspeccionandonos, a la vez que nos dedican una sonrisa.

Pasando casa por casa, mucha gente sentada en las entradas, con las puertas abiertas, seguramente porque adentro sea un horno. De repente pasan algunos chicos corriendo, el último con la camiseta de Messi del Barcelona, cosa que aunque pequeña, me acerca más a Argentina.

Finalmente llegamos a destino. Cada grupo se quedaba en la casa de un local. Por suerte nosotros tenemos a un chico de indonesia en nuestro grupo así que puede traducirnos todo, aunque según él la dueña de casa habla un indonesio diferente el cual no entiende del todo. Toda la presentación de la familia (padres y dos hijas) se hace en el lugar en el cual íbamos a dormir: una habitación en la que solo había alfombras en el piso. Ya nos habían avisado que esto iba a ser así por lo que todos teníamos preparadas nuestras bolsas de dormir.

Esa noche comimos la mejor comida del viaje: una variedad de huevo, carne ¿rayada?, buñuelos de papa y arroz con azafrán.

El día siguiente fue recorrida por el pueblo. Y ahí nos encontramos con varias cosas interesantes: una canchita de fútbol en el frente de una casa, un par de personas con la máquina para recolectar arroz, chicos que nos miraban desde una especie de casa del árbol y mujeres haciendo Batik (de hecho este un pueblo reconocido por sus Batik).

En el medio de la caminata, llegamos al frente de unas escaleras larguísimas, las cuales tuvimos que subir para llegar al templo / cementerio de la villa. Mientras subíamos, la gente del lugar nos retaba a contar los escalones. Como se pueden imaginar, cuando llegamos arriba todos habían contado números diferentes, y nunca supimos exactamente cuántos habíamos escalones habíamos pasado. Peor aún, luego de la cansadora subida, nos enteramos que el templo ese día estaba cerrado, así que no pudimos entrar y tuvimos que emprender el regreso todos super transpirados por el calor que hacía. Por suerte, y como pasa en todo el mundo, al final de la escalera había un puestito para comprar bebidas que creo que ese día hizo más plata que en todo el mes.

En la villa, como en todo Indonesia, se pueden ver grandes espacios verdes que son campos de arroz, y gente trabajando en ellos, además de los famosos espantapájaros. Y ahí fue donde pasamos la mayor parte del tiempo durante esos días, caminando, explorando, conociendo…

 

Los días siguientes nos dedicamos a lo que que habíamos venido: ayudar a la gente del lugar y hacer actividades con los chicos de la única escuela de la villa. Además nos enseñaron a hacer Batik y terminé de confirmar que los trabajos manuales no son para mí.

Una de las cosas más chocantes para los que estuvimos ahí fue que nos teníamos que bañar con baldes ya que no había duchas. Lo curioso en nuestro caso fue que que el baño no estaba en la casa, sino unos metros alejado, al lado de la calle.

 

Indonesia es el país con más musulmanes del mundo, más del 80% de su población siguen al Islam, por lo cual es normal ver muchas mezquitas, y en esta villa no era la excepción. En el Islam hay diferentes horarios de rezo a lo largo del día, y unos minutos antes se produce el llamado (Adhan) desde la mezquita, que es una especie de poesía recitada por la persona más importante de esa mezquita. El primer horario de rezo se da a las 4:30 am aproximadamente, y el llamado suena tan fuerte que para los que no están acostumbrados a veces asusta. Y eso fue lo que me paso a mi una madrugada del servicio comunitario cuando me desperté escuchando el llamado, el cual te produce una sensación extraña, te entra por todo el cuerpo, te hace temblar… es hermoso pero a la vez te paraliza, el sonido enviado desde la mezquita resuena en cada rincón de la habitación… acá les dejo un vídeo cortito para que escuchen lo que yo escuché esa noche, y aunque no vayan a sentir lo mismo que yo estando en el lugar, van a poder tener una mejor idea de lo que les hablo.

[embedplusvideo height=»356″ width=»584″ standard=»http://www.youtube.com/v/tF3WpvdwaWY?fs=1″ vars=»ytid=tF3WpvdwaWY&width=584&height=356&start=&stop=&rs=w&hd=0&autoplay=0&react=0&chapters=&notes=» id=»ep6718″ /]

 

Finalmente llegó la última noche, en la cual hicimos la llamada Global Village, en donde, por país, los participantes debían hacer alguna presentación de sus lugares de origen. Así tuvimos canciones de Malasia, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, bailes de Indonesia, Japón y China, actuaciones de Singapur, comida de Egipto y Holanda, vídeos y fotos de Brunei y Vietnam. En mi caso, hice una presentación con lugares de Argentina y vídeos con bailes típicos, regalé chocolates y alfajores, sorteé una camiseta de Argentina y enseñé a hacer los pasos basicos del tango. Sin dudas toda una fiesta internacional!

Al día siguiente al mediodía ya estábamos regresando a la ciudad para ya empezar a cerrar el programa conociendo uno de los templos más grandes del mundo, del cual hablaré en el próximo post!
Sin dudas este servicio comunitario fue una experiencia sumamente enriquecedora para mí, y todos los miedos que tenía al principio se esfumaron a las pocas horas de estar ahí. Ahora tocaba volver a la ciudad y terminar este grandioso programa de la mejor manera!

Un comentario en “El Servicio Comunitario

  1. que genial criiiiss =D

    Me gusta

Replica a prix Cancelar la respuesta