Como les comenté en otros post, mi viaje consistió en un curso sobre educación alternativa. Una de las partes de este curso era la de pasar dos días en una escuela de este tipo para aprender un poco más sobre las prácticas. Si les interesa el tema, pueden leer este artículo que hice para el blog del SABF.

La bienvenida fue con el director de la escuela y todas las personas que trabajan allí, todos presentes si bien estábamos en época de vacaciones. Y es que generalmente los chicos siguen yendo a la escuela a jugar y comer aunque no tengan clase. El lugar es increíble: dos casitas hechas de madera y bambú, con dibujos en las paredes, ventanas con botellas, un patiecito con juegos para chicos, y mucho verde para que corran y jueguen.
Una vez terminada la introducción, pasamos a la primera actividad del día: les contaron una historia sobre una princesa, pero que a la vez tenía contenido ambiental y dejaba como una de las moralejas que no se talen los árboles. Cuando terminó la historia se dividieron en grupos y entre todos tenían que actuarla al día siguiente.
Durante el recreo nos dieron Nogosari, un snack típico, una masa hecha de harina de arroz y banana envuelta en una hoja de plátano, acompañado de maní húmedo y té frío. Definitivamente comida que no es para mí, así que después de un fallido intento de que me gustaran algunas de estas tres cosas, me limité a tomar un vaso de agua.
Pasada la pausa hicimos el ejercicio que explico en el link que deje al comienzo, en donde los chicos hacen preguntas de cualquier cosa que se les ocurra y entre todos intentan encontrar la respuesta. Para terminar el día en la escuela, y antes del almuerzo, cada uno de los participantes teníamos que contar a los demás algún problema ambiental que tuviésemos en nuestros países.
Al día siguiente, cuando llegamos los chicos ya tenían todo preparado, y entre risas y concentración desarrollaron la función. Lo que siguieron fueron juegos al aire libre, saltando, corriendo, embarrandonos, metiendonos al río… ojalá yo pudiera haber estudiado en un lugar así!
En este segundo día conocí a un chiquito que tendría unos 8 – 9 años y hablaba un inglés casi perfecto. Lo más impresionante es que según él lo había aprendido solamente de ver la tele, nunca había tomado clases. Este chico, y como casi todos los indonesios, era fanático del fútbol, amaba a Messi y sabía todos los campeones de los últimos años de Europa. Como yo era de Argentina estuvo hablando conmigo mucho tiempo, y ya luego de comer, al final del día, me hizo prometer que iba a volver algún día a Indonesia… del chico no supe más nada, pero espero algún día poder cumplirle la promesa…
Lo que siguieron los próximos días fueron más talleres sobre educación alternativa en la UGM, en los cuales nos preparamos para realizar los planes de acción para la próxima etapa que vendría: el servicio comunitario, donde pasamos 5 días en un pueblo en el que apenas hay electricidad, pero sin dudas con muchas experiencias que valen la pena que ocupen el próximo post del blog.




