Seguimos el programa. Si hay algo que voy a extrañar, por la paz que me daban y lo hermoso que eran, son los restaurantes. Como siempre tipo buffet, generalmente al aire libre pero cada uno con su particularidad. Se encuentran con lagos pequeños y grandes, fuentes, esculturas de diferentes dioses, flores, árboles, mucho verde, y hasta uno con una especie de balsa para cruzar de un lado a otro del lago tirando de una soga!
El tercer día nos alejamos por primera vez un poco de la ciudad. En Indonesia se dan varias particularidades cuando manejas por la calle: mucho tránsito, algunos caminos en mal estado, y pocas rutas como las conocemos nosotros con largos campos a ambos lados, sino con casas por todos lados. Esto, sumado a que viajabamos en micro, hacía que por momentos fuéramos muy lento, pero a la vez hacía que pudiésemos ver con mayor detalle la vida en las afueras de Jogja.
Y lo que podíamos ver eran chicos en las puertas de sus casas jugando y gente grande que pasaba el tiempo sentada mirando a la calle. Pero lo mejor era ver el cambio de caras cuando pasaba el micro. Algunos se asustaban y se escondían, pero la mayoría se reía y corría al micro saludando. Y nosotros devolvíamos ese saludo, por supuesto. Por primera vez me sentí una estrella de rock.
Llegamos a destino con una tropa de chicos siguiendo el micro. Era el turno del taller de máscaras, utilizando la técnica de Batik que pueden leer en el post anterior. Para los chicos del lugar, nosotros éramos bichos raros, así que se quedaban mirándonos pero desde una distancia prudencial. Un rato después ya habían perdido el miedo y se sacaban fotos con todos.
Volviendo a la vida de ciudad, para los que les gusta ir de shopping o al cine, en Yogyakarta también tienen esa opción.
Por un lado tienen Plaza Ambarrukmo, un shopping bastante moderno con marcas reconocidas, y Galeria Mall, un poco más pequeño y donde se pueden conseguir cosas más baratas. Ambos cuentan con locales de fast-food para tomar un respiro de la comida típica, aunque hay que aclarar que igualmente están adaptados a las necesidades de sus habitantes. ¿Qué quiero decir con esto? Que los combos vienen con arroz en vez de papas fritas (aunque si ven que no sos asiático te las ofrecen) y que hay que tener cuidado y pedir que las cosas no sean picantes.
Por otro lado, tienen el Cinema XXI, un moderno cine que presenta los últimos estrenos de Hollywood y también cine asiático. Nuevamente, adaptado a los indonesios, el pochoclo más grande equivale a uno mediano o chico para nosotros. Y sí, por algo son todos flaquitos.
Cada hora que pasaba, cada día, me iba acostumbrando más a la ciudad y le empezaba a tomar cariño. Por momentos se ve una ciudad gris y fea, pero luego te encontras con otros lugares llenos de color. Eso es Indonesia, y espero poder estar transmitiéndoles parte de lo que sentí cuando estuve allá.



