Comienza el programa. Lo primero que tenemos es una bienvenida en donde nos muestran la ropa típica de Indonesia, que es el Batik. El Batik en realidad no es un producto, sino un tipo de teñido con el que se hacen telas, máscaras, pulseras, etc.. Básicamente se utiliza un tjanting (que es un mango con un tarrito chiquito en donde se recoge cera caliente), y se dibuja sobre la tela. Una vez terminado el dibujo, se pone la tela en una tintura que hace que se pinte toda la tela menos en los lugares donde estaba la cera. En esta presentación, nos muestran un Batik que llevo seis meses para ser terminado (todo a mano).
Luego de esto vamos a un restaurante a almorzar (usualmente se almuerza tipo 12) en el cual las sillas no tienen patas, están apoyadas sobre el piso. Además de que nos hacen sacar las zapatillas (esto es muy común acá, generalmente en los templos y las casas). El lugar es hermoso, con una lagunita y diferentes «islas» en donde se puede comer. Al igual que la mayoría de los restaurantes de comida indonesia, este es tipo buffet, y la oferta de comida varía entre estas opciones: ARROZ (siempre y a toda hora), pollo, carne, pescado, tofu, salsas dulces y picantes, sopa de choclo. Acá pruebo por primera vez el Kerupuk, un snack con gusto a pescado típico del país y que esta presente en todas las comidas. Otra diferencia respecto a la comida: no usan cuchillo, solo tenedor y cuchara, si es que no comen con la mano.
Luego de un tiempo libre por la tarde, nos dirigimos a cenar y pasear por Malioboro. Esta es la calle de compras de Yogyakarta, una especie de La Salada en Argentina, pero que además se pueden conseguir cosas típicas a precios bajos. Y acá aparece otra de las diferencias de cultura: hay que regatear todo. Personalmente no me siento muy cómodo peleando precios, y siento que siempre termino regalando plata, pero es lo que hay, y hasta los propios vendedores te incitan a que les pelees el precio: “Come on, bargain sir, how much? how much?”. Particularmente en Jogja no hay mucha gente que hable bien inglés, pero son expertos en todo vocabulario relacionado con plata y ventas.
Consejo: para empezar a regatear, mínimo ofrece un tercio de lo que te piden la primera vez. Quizás hasta menos. Lo vas a terminar comprando por un 40% – 50% de lo que te pedían.
Indonesia es un país pobre, y las cosas son muy baratas. Para darse una idea, en Malioboro se pueden conseguir remeras estilo “I love Jogja” por 1 dólar. Es un buen lugar para comprar Batik, y regalitos tipo llaveros. Además, como les comentaba antes, se pueden conseguir billeteras, carteras y ropa truchas de marcas importantes muy barato. Es un lugar en el que hay mucha gente, por lo cual te aconsejan cuidarte de los carteristas, aunque la verdad es que en toda mi estadía en Indonesia no vi ningún tipo de robo ni policía, es un país muy seguro.
Creo que ya me encontré con las mayores diferencias culturales, y la realidad es que no es TAN diferente todo como pensaba. Es diferente, sí, lo más diferente que conocí hasta ahora. Pero, no se si por culpa de la globalización, la televisión o las comunicaciones, la realidad es que la gente es muy parecida, mira las mismas cosas que nosotros, incluso hasta algunos chicos saben más de fútbol que yo! La verdad me siento cómodo acá, y tengo ganas de seguir adentrándome en este país.




